UN SUCESO SORPRENDENTE

25.09.2022

- ¡Cuénteme detalles! -irrumpió Simón en casa de Marcial poniendo el par de botellas de vino que traía sobre la mesa, y que, alborozado, el viejo se dispuso a abrir.

La primavera había llegado y su aliento inconfundible se percibía en el aire y en el gozo de los hombres. Distante, se escuchaba el zumbido de unos niños corriendo detrás de una pelota y los furiosos ladridos dirigidos por los perros a las ruedas de los autos.

- La cita era a las cinco -contestó- y yo iba con una timidez que se acentuó a medida que fui observando la talla de los políticos que aparecían.

Marcial era entretenido y algo presuntuoso, pero no lo invitaban porque rechazaba las invitaciones; la conversación, al sumirse las personas en el estado de frivolidad al que la bebida y el exceso conducen, era algo que le aburría desde siempre y se le había hecho insoportable.

-¿Muchos conocidos?

- Sí. Fui porque quería apoyar, pero cuando vi que estaban las 100 firmas requeridas para transformar en partido a los Amarillos, me marché esperanzado.

-¿Participará en el movimiento?

-No en forma activa, es tarde para mí, no es que me sienta viejo pero ya no es lo mismo, en todo caso, no retrocedería en el tiempo porque el impulso que mueve al hombre se halla en el misterio del futuro. El presente es un instante ido que simboliza el encuentro entre el pasado irreversible y el impredecible futuro.

-¿Cuál será el aporte de Amarillos si lo integran políticos añejos y medio desacreditados por la opinión pública? -aventuró Simón.

- ¡Tienen mucho que aportar! El resultado del plebiscito ha devuelto la racionalidad, aunque estoy consciente de que habrá que reinventar ciertos valores, como el de la libertad, la justicia y la verdad, que poseen una connotación distinta de la que teníamos hace cincuenta años, cuando yo tenía tu edad.

La literatura y las artes -siguió Marcial- tienen esa función, y la novedad de este grupo es que incorpora al pensamiento otras disciplinas, como la literatura, la filosofía y la poesía, esenciales en cualquier proyecto político humanista. ¿No representa un ideal del hombre universal el modelo del humanismo?

-¿Quiénes somos en verdad, tú y yo? -dijo Simón sin rodeos. ¿Somos solo fantasías del autor? -insistió.

-¡Por supuesto! -Aseguró Marcial. Un lector inteligente sabrá descifrar cuánto del autor hay en sus personajes. Pero... ¿No debe la suma de los hombres ser un solo cuerpo unitario? ¿No confluye en uno solo el anhelo y el dolor de todos los hombres? ¿No debería ser de uno, todo lo que pertenece al otro? Y... ¿No es obligación de una sociedad, a través de la moral, proponer una utopía de virtud al hombre?

- Entonces... -concluyó Simón, yo debo tener mucho del Orellana de 35 años, y seguramente hay en usted mucho de lo que le gustaría o detestaría ser si consigue llegar a su edad.

-¿Cómo será el mundo que no conoceré y que existirá cuando tengas mi edad? -inquirió un ansioso Marcial- ¿Qué crees tú?

-¡Más individualista! Todos se ocuparán más de sí mismo, y serán menos importantes las corporaciones e instituciones. La persona siempre por sobre la organización. Las ciudades continuarán creciendo, porque eso favorece los intereses de quienes acumulan riqueza. La distancia entre los hombres, aún entre aquellos que habiten comunidades vecinas, aumentará, y se comunicarán a través de escuetos textos, más cómodo que hablar y, con la ventaja de no revelar emociones ni intenciones. Reinará la desconfianza y, la reticencia al abrazo y la caricia se hará costumbre. Los hombres apenas se conocerán unos con otros, seremos ajenos, incluso entre los parientes, todo para evitar compromisos, algo que detestamos y que ya se percibe en la sociedad.

-La juventud -dijo Marcial conmovido, desprecia a los viejos porque son el espejo de lo que no quieren ser, huyen del herrumbroso estado en que los ven y se alejan de sus plañideros quejidos.

- ¿Se puede amar a los hombres y a las palabras? -irrumpió Simón.

-Cuando se ama, se es indulgente. En la escritura, se privilegia el amor a la palabra y se escribe por la urgente necesidad de trasmitir ideas capturadas en nuestro cerebro que, alojadas ahí, dañan nuestra alma si no son liberadas. La literatura necesita apoyarse en la ficción, pero esta debe ser creíble, de igual forma que la política, sin un proyecto creíble, es rechazada por la ciudadanía. La gente repudió a los constitucionalistas porque la vida humana requiere algo de epopeya y mucho de misterio.

-Regresaba de la reunión de Amarillos -continuó Marcial- cuando tuve una experiencia que compartiré contigo:

Al dirigirme al hotel en que los Amarillos firmarían ante un notario, tomé el Metro a la una, iba temprano para almorzar en Providencia, pasar por una librería, y llegar con tiempo a la ceremonia que, como ya dije, se convocó para las cinco de la tarde.

Instalado en el tren observé que en el carro de la vía contraria estaba una muchacha hermosa y delicadamente arreglada, como si fuera a una cita. Su cuerpo quieto, altanero y sensual, lucía expectante y tembloroso, y en sus ojos verdes refulgía la ansiedad. Los trenes iniciaron el movimiento y en el instante en que pasó a mi lado, nuestras miradas se cruzaron, y en un resplandor, vi que las facciones de su rostro habían sido cuidadosamente maquilladas por sus manos ávidas, supuse, de acudir al encuentro de su enamorado, y los trenes aceleraron, alejándose en dirección opuesta.

Al regreso, a la hora del ocaso, cogí el tren de vuelta para hacer el recorrido inverso. Pensaba en la difícil misión de los dirigentes de Amarillos, que, como dices, es un movimiento de viejos y estos, aunque conocen bien el corazón humano han perdido la energía que la acción reclama. Amarillos debe atiborrarse de jóvenes, pues en ellos, se agitan ideales utópicos que, aunque nunca vayan a cumplirse, alientan la flama que guía el rumbo del hombre. Con el tren en curso pensé, además, en la urgencia de Amarillos por unir lazos con el mundo empresarial, sin su disposición, no se logrará el propósito de mitigar las diferencias sociales, se requiere persuadirlos y hacerles entender que el gasto social es una contribución que garantiza la armonía: ¡inducir cambios para mantener privilegios! Se me ocurrió también que, sin distingos, debían intentar atraer a todo el espectro político, porque todos tienen algo que aportar y para ello pensé en la importancia de transmitir su mensaje a través de un medio de comunicación en donde se difunda su esencia, y... se detuvo para continuar después de un rato: En eso estaba cuando ocurrió lo sorprendente, el tren paró en la estación y, al mirar en dirección opuesta estaba detenido otro tren y, en él viajaba, seguramente también de vuelta, la misma chica. Se me erizó el cabello al verla lucir diferente... Sus ojos, que antes destellaban arreboles de primavera, cargaban ahora la melancolía del otoño que se había alojado en ellos. Sentí que cada hora transcurrida, había sido un año para ella y me sobresalté al advertir que el cuerpo orgulloso y sensual que había admirado había ido de prisa en su paso a convertirse en polvo. ¿Cuánto de su vida se llevó el desengaño? ¿Yacerá enredado a las raíces de un árbol el corazón de ese amor enterrado? Y... ¿Vendrá a desenterrarlo un nuevo amor? Mi alborozo se opacó ante su derrota abismal. La ciudad indiferente al espejismo que me deslumbraba y al secreto de la pena que ella guardaba.

En la madrugada, desperté asustado y sin quitármela de encima, hice propio su dolor, acongojado del extraño paso de un instante que dejó esperanza en mi alma y desencanto en la suya.